Ya lo he comentado otras veces, los maestros son los peores... Son seres considerablemente engreídos que se creen que lo saben todo, y que todos deben de rendirse a sus pies... Que por donde pasen deberían tender una alfombra roja, y que todo el mundo debería besarles el culo... Aunque en el fondo verdaderamente esa vanidad los convierte en más tontos que nadie.
Todo esto viene por una noticia que ha salido en prensa; el gobierno, este gobierno sin norte ni brújula que tenemos, este gobierno plenamente descerebrado y ridículo, ha propuesto aumentar la edad de educación obligatoria a los 18 años...
Pese a las nefastas consecuencias que ha tenido, entiendo y entendía razonable que la subieran a los dieciséis, habida cuenta es la edad a partir de la cual es legal ganar dinero trabajando. Si no se puede trabajar, por lo menos que se pueda estar en algún sitio, en lugar de haciendo el zángano en la calle... Sea la escuela... Pero que ahora hayan lanzado al aire la propuesta de ampliar a los 18 años, me parece totalmente grotesco. Si ya al cambiar los planes de estudio, y alargar la enseñanza obligatoria hasta los 16, empeoraron considerablemente el pobre nivel formativo que la enseñanza proporciona –con asignaturas de risa, impartidas por profesores/maestros poco motivados y bastante mal formados que aburren a los alumnos, y hacen que éstos aborrezcan los estudios--, si cambiasen a los 18 sería aún peor. Tanto porque no conseguiría en absoluto mejorar el nivel formativo –si han hecho que alguien aborrezca estudiar con 15 años o menos no va a estudiar con 18--, como porque provocarían una reducción considerable de la población activa, ya de por sí en continua mengua... es decir, porque habría menos trabajando para sostener a más.
Si quieren de verdad mejorar el nivel formativo de todos, la solución no pasa por ampliar el plazo de estudios, sino por reformar de raíz el sistema educativo.
Lo primero que habría que hacer sería reducir drásticamente los privilegios de los maestruchos y los profesores... Ahora mismo cobran un sueldo considerable, y tienen una cantidad de trabajo bastante pequeña... En términos económicos, están muy lejos de ser productivos. En términos pedagógicos, igual. A la semana, pocas horas de trabajo (10-20¿?). Al mes trabajan lo mismo que una persona cualquiera en una semana, y cobrando mucho más encima. Por si fuera poco, al año, muchos días de vacaciones, muchísimos... Por si no tuvieran bastante, prácticamente no tienen que rendir cuentas con nadie. Tanto da si sus alumnos aprenden o no... Lo que importa es que ellos vivan la vida padre... Tienen un sueldo muy por encima de la media, y una seguridad y tranquilidad que los vuelve arrogantes y perezosos. Y por si fuera poco se quejan continuamente... Ni me mires ni me toques... Se quejan de no poder pegarle a los niños –cosa propia de sádicos, no de maestros--. Se quejan de que los alumnos no tienen educación –cosa que ellos deben proporcionar--... Se quejan de sentirse amenazados por sus alumnos o los padres de éstos... ¡Pero por favor...! Los pondría un mes a trabajar en un banco, para que se enterasen de lo que es sufrir a trabajar de verdad... Lo peor de todo es que los creen, que les hacen oídos, y que consiguen hasta que los compadezcan... Que ya es el remate. No pueden vivir mejor...
Esto, todo esto, es lo primero que habría que cambiar. En primer lugar, obligando a los profesores a que trabajen. Mínimo 30 o 40 horas a la semana, como todo el mundo. Segundo, 25 días, o ponle 30, de vacaciones al año, y no el triple o cuádruple como tienen ahora. Después, pidiéndole cuentas. Si los alumnos no aprenden no es porque tengan pocas horas lectivas, no es siempre y totalmente culpa de los alumnos, no es responsabilidad exclusiva de los padres de los alumnos, como quieren hacer ver ahora... Los profesores, los maestruchos, algo tendrán que ver en ello. Para eso les pagan, para que enseñen. Si sus alumnos no aprenden, habrá que pedir responsabilidades a sus profesores y maestros, antes que a nadie. Es decir, que habría que examinar a los profesores, más que a los alumnos. Fijarles metas, objetivos. Valorar su trabajo. Y pagarle parte de lo mucho que les pagan en función de lo que bueno o malos que hayan sido como profesores. No vale con examinarlos una vez, mediante estúpidas pruebas memorísticas, y cuando han pasado el corte –oposición-- tomarlos por dioses intocables.
No sé si existen normas o reglas en este sentido ahora, pero desde luego sé que no se aplican.
En segundo término, habría que modificar drásticamente el sistema educativo. Empezando por su filosofía. La meta no debe ser memorizar. Debe ser comprender. La base para comprender debe ser el lenguaje, que es el medio de comunicación primero y más potente del ser humano, y que es el que ayuda y posibilita abrir la mente y la capacidad general de comprensión. Y al par que el lenguaje, como base de las demás, transmitir otras áreas del conocimiento, otras ciencias. La potente herramienta de abstracción que son las Matemáticas. La Física. La Química. La Biología. La Historia. La Geografía. El Arte. Etc. Y olvidarse de paridas como “religión”—en todo caso, y en cursos avanzados, una asignatura de historia de las religiones--, o “conocimiento del medio”, o “educación para la ciudadanía”, a cada cual más chusca. Romper también la ficticia dicotomía de “Ciencias”, y “Letras”, y el tópico de que las “ciencias” son para los listos, y las “letras” para los torpes. Porque tal dicotomía no existe, y porque unas y otras son partes indisociables de una misma cosa: el Conocimiento. Unas no pueden ir sin las otras, y esto es básico. Pensar otra cosa, o transmitir como transmite el sistema educativo actual otra cosa, es des-enseñar. Otras cosas: fomentar las excursiones a museos, fábricas, etc. Eliminar los exámenes memorísticos, etc.
En resumen, en vez de alargar más los estudios, exigir más a los profesores, y racionalizar de una vez por todas el sistema educativo, en lugar de ampliar la agonía, el castigo, a muchas personas a las que desde pequeños les han ido inculcando, por sus profesores, el odio a la sabiduría. Así, sí se conseguiría mejorar el nivel cultural de la población, en menos tiempo, y sin necesidad de amargar la adolescencia de muchos.
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