En resumen, el “calentamiento global” en el que todos creen es una Mentira –mayúscula mentira— ideada sin fundamento para poder vendernos el petróleo al precio que les dá la gana.
Me pregunto qué dirán los historiadores dentro de 100 años, cuando miren hacia nosotros, y vean a una sociedad sometida completamente al gran embuste del “cambio climático”. Pensarán con razón que ha existido un gran progreso tecnológico, científico, artístico, pero que la gran mayoría de la gente, la masa, sigue sumida en la oscuridad cultural e intelectual, es plenamente crédula, y se traga todo lo que se les dice como buenos borregos... Es también cierto que esos mismos historiadores vivirán en una sociedad parecida, y aunque la mentira del cambio climático habrá caído por su propio peso, de seguro se habrán inventado otras de cariz semejante. Como ha ocurrido siempre.
Hoy por hoy no todos nos cegamos por las estafas colectivas que sostienen las minorías que detentan el poder (aunque nos engañen o nos ceguemos con o por otras cosas). Algunos sabemos que el invento del “cambio climático” no es más que la excusa para vendernos el petróleo (sus derivados) al precio que les dé la gana, multiplicando exponencialmente el precio que debería de tener según las leyes que rigen el mercado... Sacar un barril de crudo de las entrañas de la tierra, con el actual estado de la tecnología y del conocimiento, cuesta menos de un dólar. Transportarlo pongamos que otro dólar. Es decir, dos dólares puesto en la refinería... Mas en ella lo venden ya de entrada por más de 100 dólares... Es decir, que aumentan artificialmente su precio (y sus beneficios) por más de 500. Esto para las petroleras. Luego los Estados, que permiten esto, añaden tal cantidad de impuestos que un dólar de derivados del petróleo se convierte en 10 (9 de impuestos, un 900 %). El resultado es que mediante esta vía consiguen abrir una fuente de ingresos enorme, sin tener que aumentar la ya de por sí alta presión fiscal normal, o sea la transparente, la que no pueden hacer nada por ocultar (de media diría que el 40 % de nuestro trabajo va a parar directamente a las arcas públicas). En otras palabras, un negocio redondo. Para los Estados y para las grandes petroleras.
Para justificarlo crean un organismo en el que contratan a un montón de científicos con la tarea impuesta de demostrar que el petróleo, o sea, el consumo de hidrocarburos, provoca el “cambio climático”. Es decir, que les pagan para que demuestren como sea que el CO2 va a provocar un catastrófico aumento de las temperaturas. Si no lo demuestran no cumplen con su deber, y los despiden. Y claro, lo demuestran. Con los argumentos que inventan estos “científicos” los medio de comunicación de masas crean el alarmismo oportuno, y nadie protesta. Todos pagan religiosamente el nuevo diezmo; el impuesto por el petróleo.
¿Por qué el aumento de CO2 no creará ninguna catástrofe?
En primer lugar, porque el efecto invernado del CO2 es prácticamente irrelevante para la formación de las temperaturas. Como saben quienes saben de esto, del 100 % de retención de temperaturas de los gases invernaderos que existen en la atmósfera, poco más del 3 % es debido al CO2. Mientras que el 95 % es debido por el contrario al vapor de agua (es decir, al agua que contiene la atmósfera, en forma de partículas sueltas, en forma de nubes). Por tanto, si hay un gas que afecta significativamente a las temperaturas, ése es el vapor de agua, y no el CO2. Se ha estimado que en el peor de los casos (o sea, en el mejor de los casos, como explicaré ahora) si el CO2 se duplicase en la atmósfera, la temperatura media de la tierra no subiría en el peor (o sea, el mejor) de los casos ni siquiera un grado. Pero el hombre está lejos de llegar a hacer eso, ya que en la actualidad es el responsable únicamente de un 10 % de las emisiones de CO2 (los océanos son los principales emisores, aunque también receptores, de CO2)... Es decir, que mucho tendría que quemar el hombre para duplicar la cantidad de CO2 de la atmósfera (cantidad que no es estable, que es variable, continuamente sale y entra CO2 de la atmósfera, por diversos motivos).
Además, no sólo de gases invernaderos viven las temperaturas. De hecho, más que de gases invernaderos, viven del Sol, de las radiaciones solares, del antiguo Amón, antiguo Mitra, de ese dios que con sus rayos nos da la vida, como bien sabían nuestros antepasados. Se ha demostrado que los vientos solares, y las manchas solaras repercuten mucho más en la temperatura que la variable composición atmosférica.
Esto por un lado.... Por otro, lo que se sabe por el estudio de los anillos de los árboles, por el estudio de las varbas glaciales, por el de las cuencas sedimentarias, principalmente oceánicas... Ahora mismo estamos en el periodo que han llamado Holoceno, que se supone que no es más que un interglaciar... un periodo cálido, intermedio entre periodos fríos, o glaciaciones, que han sido harto frecuentes en el pasado, que puede que sean la norma. Se sospecha que de aquí a unos 10 mil años volverá otra glaciación, y las temperaturas medias descenderán más de 20 grados. ¿Por qué se produjeron las glaciaciones...? Nadie lo sabe realmente.
Con estos mismos estudios se ha llegado a saber, contrastándolo con textos de época y con más cosas, que durante la edad media (desde el 800 al 1100 aproximadamente) se produjo lo que se conoce como Optimo Medieval, periodo durante el cual las temperaturas fueron significativamente mayores a las actuales (no se sabe por qué de esta temperatura media superior). Hablamos de varios grados más de lo que los catastrofistas del “cambio climático” predicen como desastre. Con estas temperaturas hiper-aumentadas (según estos catastrofistas), los normandos o vikingos pudieron colonizar Groenlandia, y cultivar en ella (hoy con mucha mejor tecnología no se puede). En las islas británicas pudieron plantar viñedos, que crecían con fuerza, y gracias a los cuales los británicos producían gran cantidad de vinos... (hoy las temperaturas están muy lejos de permitirles cultivar viñas a los británicos, con todo el catastrófico aumento de las temperaturas). En suma, esta mayor temperatura no sólo no conllevó ninguna catástrofe, sino que al contrario propició unas condiciones mucho más favorables para la vida humana en el planeta, tanto es así que durante estos años hubo una explosión demográfica. Cuando unos cuantos años después las temperaturas volvieron a cambiar de signo (no se sabe por qué), y de media se enfriaron significativamente (con respecto a las temperaturas actuales), llevando a la llamada Pequeña Edad de Hielo, hubo hambrunas, y catástrofes demográficas. Es decir, que el descenso de temperaturas sí que fue un problema, mientras que el aumento fue una ventaja.
A todo esto se añaden los registro de temperaturas actuales, que indican que se está produciendo un descenso de las temperaturas medias, y globales del planeta, en los últimos años.
Existen más argumentos que siguen esta línea, pero nadie parece dispuesto a escucharlos...
En fin...
Mientras, en mis ratos, sigo intentando aprender cosas de Historia... De medieval, he leído con gran placer a Jacques Le Golf... Un tipo grande.
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