lunes, 6 de septiembre de 2010

breve crónica de mi fracaso con los exámenes

Día uno de mis vacaciones; en lugar de estar por ahí celebrándolo, aquí estoy encerrado como un mono, tratando de memorizar tontamente datos sobre el pasado romano y el pasado griego...

Ya he hecho tres exámenes, y ha ido de mal en peor...

Viernes 3:
Salgo del trabajo con un extraordinario dolor de cabeza, almuerzo, y me dirijo a Málaga. Al llegar, justo a unos 200 metros del aula de exámenes, una mujer mayor se salta un stop y me embiste con su coche. Ya empezamos. Ruido de chapas hundiéndose, ruido de cristales. Me veo llamando a la grua porque con el golpetazo seguro que me ha cascado el coche. La mujer al menos se ha parado, y me pide perdón. Se ve muy afectada. Miro mi coche, y la verdad es que para el golpe que le ha dado, no le ha hecho prácticamente nada. Miro el suyo, y compruebo que está bastante peor que el mío... tiene el parachoques delantero destrozado, y uno de los faros delantero destrozado también... La mujer lo mira y se lamenta, llevándose las manos a la cabeza, por momentos parece que va a echarse a llorar; esto no me había pasado nunca, nunca, nunca, repite una y otra vez, con lágrimas en los ojos... Trato de consolarla inútilmente.
Hace un calor de infierno, y estoy sudando como un cerdo. Saco el parte amistoso, para rellenarlo. Miro a un lado, miro a otro; busco sombra, y no hay. Se lo digo a la mujer: no hay sombra... Rellenemos esto, digo, y acabemos cuanto antes. Me siento en un escalón, sudando, mareado de calor, y me pongo a rellenar como puedo el parte. La mujer se pone entre el sol y yo, y me lo dice, me pongo aquí para darte sombra. No me da sombra realmente, pero le agradezco la buena voluntad.
Terminamos el parte, y me regala el boli, y le doy las gracias, porque voy al examen y como siempre se me había olvidado el bolígrafo.

Llego al aula tarde, y derritiéndome del calor. Empapado en sudor y seguramente oliendo como un cadáver en plena descomposición... Me dicen los profes que hace casi una hora que han empezado los exámenes, por lo que no me dará tiempo a hacerlo, les digo que tanto dá, que me lo den... Me dicen que aula 2... ¿dónde está el aula 2? Me meto en la primera que veo, y una profe me da unas hojas: un examen de inglés. Le digo que no, que busco el aula 2.

Aula 2. Geografía Humana: 2 preguntas a elegir una: El ager, o La mortalidad... No dudo un instante y elijo el tema más fascinante del mundo: la mortalidad. Como me motiva, me explayo en él, me esfuerzo, y lo bordo. Segunda parte: 4 definiciones cortas; me las sé, pero con la tercera ya se me agotan todas las fuerzas. La tercera es definir Trashumancia, y síntoma de mi agotamiento --después de un duro y estúpido día de trabajo, después del golpetazo de la mujer mayor, después del calor rellenando el parte, después de entregarme a la mortalidad-- empiezo a desvariar, la defino y después me pongo a hablar de mi amigo Juan Panala --que es trashumante-- en lugar de ceñirme a la pregunta. Escribo el nombre de Juan Panala --textualmente-- varias veces, y me río solo pensando en qué pensará el profe de turno cuando lea esas paridas...
Ya no hay remedio... y casi ni tiempo... la cuarta definición y la tercera parte del examen, mal llamada parte práctica, las contesto sin ganas, incluso a sabiendas de que podría contestarlas mucho mejor. Tanto dá... Posibilidades de aprobar 1 %.

Vuelvo a casa, veo el basket, y zanganeo. Comento con un colega unos comentarios de Hans en el foro de stratos... Un cabreo monumentalmente que muestra Hans por el concurso hó play... Chateamos sobre otras cosas y me quedo dormido bastante tarde sin haber mirado nada para el día siguiente... En el fondo Hans tiene razón: los concursos están podridos, lo que prima es el amiguismo, etc.

Sábado 2:
Me levanto cansado y tarde. Llego por tanto tarde a las aulas, pero no pasa nada, porque todavía nadie ha entrado al examen; todos esperan formando fila. Hay un considerable retraso, al parecer.
Me apoyo en una columna a esperar tranquilamente. Del aula sale una treintañera hablando sin parar, que si hace mucho calor dentro, que si se le iba a bajar la tensión, que si la cola no avanza, que si nos dejarán entrar después de que ha pasado media hora... Etc. Es decir, un montón de paridas con tal de decir algo. Pienso que debe ser amiga de las personas a las que se dirige, porque les habla con mucha confianza, pero en poco tiempo descubro que no es así... Porque la sufro en mis propias narices. O sea, que sin motivo de repente se acerca a mí, ¡a mí!, y se pone a recitarme todas esas paridas que había dicho antes y algunas más... Yo asiento con la cabeza, y pienso esta tía está loca. Sigue dándome la carga cuando entramos y nos ponemos en fila para pasar al examen. No deja que yo sea el último --como me gusta ser-- en entrar; me insiste para que pase antes; no le discuto. ¿Por qué --me pregunto-- ha tenido que pegárseme a mí...? Ya sé que yo estoy loco y tengo pinta de tal, pero... joder... allí había al menos 50 personas, algunos con tanta pinta de locos como yo, y yo estaba más lejos de ella que ninguno... ¿Por qué siempre se me tienen que pegar todos los locos...?
La suerte es que cuando entro en el aula descubro que yo la completo, que conmigo dentro no cabe nadie más. Es decir, que la treintañera que no paraba de hablarme va a otra aula.
Me siento con el examen, leo el tema a desarrollar --a elegir-- y me digo: otro suspenso...
De igual modo, después de haberme pegado el palizón de ir, y de haber pagado la matrícula, me pongo a inventarme lo que se me ocurre para rellenar el folio. Cuando acabo me doy cuenta de que no me han dado las láminas --la segunda parte del examen--, así que me levanto y voy al tribunal a pedírsela. Allí hay tres profes, entre ellos uno que es un calco a mi colega samsaga2; tiene la misma pinta de despistado. El doble de samsaga2 protesta porque le regañan por no haberme dado las láminas, y habérselas llevado de allí. Yo intento hablar bajito para no molestar, pero ellos hablan fuerte, como si tal cosa. Me pregunta: láminas de qué asignatura, le digo que de arte medieval, susurrando, pero me dice que hable más alto. Elevo la voz. Ya tengo otra vez a todo el aula mirándome. Me paseo junto al doble de samsaga2 por todo el aula; hablo con él como si estuviéramos tomando unas cañas, en tono de voz normal, alto para ser empleado en medio de un sitio donde cien personas tratan de hacer su examen... Salgo del aula y vuelvo a entrar. Lo noto. Estoy llamando considerablemente la atención de todo el aula, yo, que siempre quiero pasar desapercibido, que en cierta forma me avergüenza mi presencia allí. La tía sentada delante de mí me echa una mirada de arriba abajo y se ríe... viste de verde y está buena la joía...

Y poco más; termino el examen, voy y me tomo tres cervezas almorzando, y me meto en la biblioteca para dedicar las dos horas que me quedan a estudiar una asignatura que no había mirado ni por el forro (¿son dos horas de estudio bastante para aprobar?)). Pero no tengo ninguna gana de estudiar, tengo una morriña que pa qué, y me voy de allí y me meto en el coche para echarme una cabezada... Voy al examen, y prácticamente lo firmo y me largo, casi dejándolo en blanco... Tercer suspenso.

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