Estoy completamente descentrado. Hacía ya mucho tiempo que no me estancaba de esta forma. He tenido y tenía mis altibajos, periodos de descontrol en los que perdía las riendas del carro, pero al poco era capaz de recuperarme, de reaccionar y tomar las riendas para intentar ser yo el que señalase el camino a seguir –o al menos que me hiciera la ilusión de ser yo el guía de mi sino--. Ahora sin embargo estoy siendo incapaz, desde hace a lo menos un par de meses las riendas se me escaparon, y el carro en el que voy subido está desbocado. No me puedo concentrar en nada. No me puedo relajar. Y no encuentro el sosiego que busco ni aún en el sueño.
Esto tiene que acabar. Para eso, por eso lo escribo. Para proponérmelo. Para conseguirlo. Para buscar las riendas donde quiera que estén, y asirlas con fuerza por mucho que me cueste para intentar no volver a soltarlas más.
No estudio, no duermo, no me concentro, no pienso con claridad, y eso tiene que acabar ya, como sea.
¿Némesis, por qué no me abandonas, por qué siempre me persigues?
Si las estrellas están ahí, brillando lejanas, remotas, serenas...
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