martes, 7 de diciembre de 2010

genial....

...El rato con Don José... fabuloso... Primero una cerveza rápida con él en el restaurante de su hijo y de su hija (esta es mi hija, me ha dicho mirándola con orgullo y guiñándome el ojo, ya la conozco, le he dicho, y sin embargo qué poco se parece a él, de cerrada, de sosa)... Después me ha llevado a su bodega, me ha enseñado cómo se fabrica el mosto, la trituradora, la prensa, el depósito; las barricas de 44 arrobas. En seguida me lo ha dado a probar. ¡Qué rico! Tres vaso uno tras otro. Delicioso, embriagadores. De paso su charla, amena, divertida, con un tono de simpática amargura llena de humor negro, hablándome de sus achaques, el azúcar que lo tiene por las nubes y lo está dejando ciego, además de que está algo cojo. La soledad en la que en el fondo vive a pesar de estar rodeado (como todos), o tal vez el aburrimiento, el estar acostumbrado a trabajar 14 o 15 horas al día y el no tener nada que hacer ahora, sólo ir a sentarse a la plaza a tomar el sol como los lagartos, o ir a andar un rato como un tonto. Soledad y aburrimiento, y fina ironía, humor llano y sano, envidiable. Contándome sus batallas se me ha ido el tiempo en seguida. Tuve que marcharme. Había quedado para comer en el restaurante de sus hijos con gente; todo a partir de ahí, vulgar, repetido. Le prometí un café, y apareció con su sonrisa, mientras terminábamos de comer... El mejor postre que podían darme. La despedida, el hasta luego, que espero no se prolongue.
Luego, mientras jugaba a los bolos, sólo podía pensar en él, recordarlo, espera nuestro próximo encuentro... ¿Cuándo...? Yo calculo que al menos 2 o 3 semanas son las que me quedan... Esperando, esperando, siempre esperando.

Gracias Don José

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