Un amigo está en pleno proceso de separación, justamente en el punto más intenso y más doloroso del mismo, tanto que está llegando a extremos que rallan lo enfermizo, lo psicótico y paranoico. Se diría que llega a sufrir de manera intensa lo que antes llamaban manía persecutoria (¿y quién no lo sufre un poco, con y sin justificación?)... El caso es que busca apoyo en su entorno más inmediato, y cuando tratas de llevarle la contraria, cuando intentas (intentamos) hacerle ver que las cosas no son como las quiere ver, cuando le dicemos que los familiares de su ya ex no lo van a matar, porque no lo van a matar, porque son personas normales y corrientes, se niega en rotundo a oír, y acude a quienes le dan la razón y lo alientan (una mujer mayor, que roza en la locura, y una prima con mentalidad de harpía que goza viendo su sufrimiento y su ruptura) y le dicen que es verdad, que huya, que deseaparezca, que se esconda. Así que ahora se comporta como un verdadero enfermo mental, y actúa de una forma --¡es tan evidente!- con la que sólo conseguirá empeorar todas las cosas.
Los abogados se frotan las manos, aconsejándoles denunciar y recurrir a las mayores bajezas y provocar largos y costosos y doloros procesos legales para sacarles los dineros a los respectivos, y para aumentar su agonía y su dolor.
Siempre ha sido así, y siempre lo será. Siempre hay quienes se aprovechan del dolor
ajeno, de la debilidad a la que lleva el sufrimiento humano, y ya bien recurriendo a las puras estafas, como los curanderos con los enfermos, como los espiritistas con los que han perdido seres queridos, o ya bien recurriendo a la "justicia" humana, al tú te lo mereces todo, él/ella nada, y la ley te ampara, acaban llevando a las personas, por puro interés material, de una situación mala a otra peor...
Lo peor es cuando añoran los tiempos pasados, los buenos momentos que tuvieron, y se preguntan qué les ha ocurrido, y se preguntan si esos tiempos volverán... Eso les genera aún un mayor malestar, y generalmente les conduce buscar con toda la maldad posible acuchillarse mutuamente.
¿Cuándo aprenderemos a vivir? ¿Cuándo, cuándo aprenderemos que no hay retorno?
¿Quién no recuerda a Don Gustavo:?
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar
y, otra vez, con el ala en sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡NO VOLVERÁN!
Como tambien escribiera tan bien el Gran León Felipe:
Respondedme loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y ... ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo! ...
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj ..., este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto ...,
perfecto, ¡perfecto!
O con menos palabras, pero igualmente formidable Fitzsgerald, dentro de su gran gatsby:
So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past.
P.D.: La semana que viene tengo un examen, sobre Historia Moderna, y aunque la asignatura es interesante, mi cerebro se niega registrar los datos en la memoria, mi ánimo se resiste impidiéndome que dedique mi tiempo a realizar el esfuerzo necesario para conseguir retener los datos en mi torpe sistema mental, mi cuerpo tiembla y enferma sólo de pensar en estudiar, y mi conciencia, enferma, se rompe y se resquebraja cada vez más...
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